Las ventanas indiscretas

Al salir al balcón, tienes todas las ventanas a tu alcance. Con tu dedo las tocas y se despliegan para ti. Los pedazos de vida que imaginas en ellas. A veces solo distingues un paisaje, un cuadro; si hay suerte, un torso desnudo o una cara borrosa. Gente a la que saludas algunas mañanas y unas pocas noches. No lo sabes seguro, pero imaginas que también se saludarán entre ellos. Dicen que entre dos personas hay seis grados de separación; sin embargo, este vecindario es pequeño, tampoco somos tantos. Aquí todo el mundo debería conocerse. Y en la soledad de los diminutos apartamentos, de vez en cuando se agradece notar algún calor que no sea el del radiador al sentarte en él. Por eso encadenas saludos: saludas a alguien que antes habrá hablado con otros dos que ayer cenaron con aquellos que desearían conocerse algún día, si fueran valientes. Pero limitarse a mirar por la ventana es más fácil. O cómodo, al menos. Solo algunos van llamando, sin respuesta, de timbre en timbre, mientras las luces se apagan y las cortinas de otros se corren. Para ellos, agotar todas las permutaciones es su única esperanza. Cuando ya no queden habitaciones que descubrir, tocará cambiar de barrio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s