Primera cita

Bluevalentine

 

En teoría, una primera cita suele ser el evento con más organización previa, normas y límites −autoimpuestos− que existe.

Insisto, en teoría.

  Pero C., ese viernes, no me dio mucho tiempo de reacción ni de preparación.

“(1:07 a.m.) C.: Bonito, ¿sales esta noche?”

  La respuesta, evidentemente, iba a ser no, pero el hecho de que él quisiera verme −aunque solo fuera un momento− le dio puntos suficientes para que yo me replantease los planes de esa noche. Finalmente, dije sí a su invitación. De todas formas, tenía claro que solo iba a ser un momento (media hora o así, una hora como mucho), y, además, mi aspecto no era el más adecuado para encontrarme con C.: pantalones cortos manchados de café y ceniza, Vans sin calcetines, una camiseta negra raída que suelo usar para dormir y una camisa de cuadros dada de sí que vale tanto para una mudanza como para pintar (con brocha gorda y con pincel de pelo de Marta Kolinsky).

  Como iba diciendo, una primera cita no es algo que se decida a las bravas porque, como en cualquier concurso de preguntas y respuestas, te juegas la permanencia en el programa y tu vuelta la semana siguiente. Ante todo, debes ser buen jugador o, al menos, intentar serlo.

  La única condición que puse fue elegir el lugar de encuentro. Nada como jugar en casa para sentirte seguro en una cita. Infunde confianza y poder a la hora de manejar la situación. Pero, en cuanto llegó, me desarmé totalmente. “¿Qué hago yo con semejante tiarraco? ¡Ay, dios!, ¿le digo que me tengo que ir? ¿¿Qué hago??”. Él estaba acompañado de una chica –C. ya me había comentado que no estaba solo: iba con varios amigos y amigas, aunque la mayoría no aparecerían hasta después de un concierto−, y eso igualaba la situación: yo en mi terreno y él con su ‘equipo de apoyo’.

  La palabra es timidez. Sonrisas tímidas, saludos tímidos, besos en las mejillas tímidos, contacto físico tímido, etc. Tras hablar con él durante semanas, la diferencia entre lo esperado y lo encontrado era abismal. Lo esperado iba al alza; si esperaba un encantador y atractivo C., lo encontrado era mucho mejor. Superior.

  Fui fiel a lo que sentí y supe que me conquistó; C. realmente  me conquistó.

 

Como siguió, digamos que ya es historia. Mi historia.

         La historia de una primera cita.

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