Nos ponemos muchos likes

Sucedió una noche de tormenta. Pese a la lluvia, mucha gente siguió su plan de salir de fiesta así que nos pasamos más rato haciendo cola fuera del local que bailoteando dentro. No paraba de llover y todos los chicos estaban bien apretujados en el pequeño hueco que quedaba cubierto bajo los balconcillos. Unos que iban más borrachos que nosotros se pusieron a cantar eso de “derrein derrein” hasta que una vecina amenazó con lanzar un cubo de agua desde una ventana, lo cual provocó una carcajada generalizada a todos los presentes, como si estos dos pudieran estar más empapados todavía.

El portero se encargó definitivamente de hacernos callar. Fue justo después cuando ocurrió: al volver a abrir la puerta, salió él. Le reconociste al momento, y comprobaste que era verdad eso que decían que en sus estudiadísimas selfies sale más guapo que en la realidad. Te acercaste a saludar y la sonrisa más amplia del mundo se esfumó de golpe cuando te contestó: “¿quién eres?”. No hay manera más humillante de hacer una primera toma de contacto, pensaste, pero aún así te arrastraste un poquito más: “Nos seguimos en Instagram, nos ponemos muchos likes y casi siempre nos comentamos las fotos”.

Su cara no podría expresar más indiferencia. Su amigo miraba para otro lado mientras le pedías a la tierra que te tragara y hubieras pagado por borrar de su memoria estos bochornosos dos minutos, pero entonces él abrió mucho los ojos y exclamó:

– ¡Aaah! ¡Sí! ¡Ya me acuerdo! Eres Andrés.
– No, me llamo Víctor.
– Víctor. Eso. De Málaga, ¿verdad?
– De Pamplona.

Su expresión se mantuvo indiferente, sin importarle un ápice haber cometido dos patinazos seguidos.

– Bueno, Víctor, me alegro de verte. ¿Nos hacemos una foto juntos?
– ¡Claro!

Sentiste un pequeño vuelco al corazón y la sonrisa boba volvió a tu cara. Intentaste corregirla para salir más natural en la foto que os iba a hacer su amigo de manera inminente. “Haz otra, que salgo con los ojos cerrados”, dijo él. Mejor, pensaste tú mientras forzabas una sonrisa que sólo en tu cabeza parecía más sincera.

Bueno, nos vamos ya. Luego la subo y te etiqueto, ¿vale?

Os disteis dos besos y luego te quedaste como un tonto ahí plantado viendo como se largaba. Los borrachos de antes se pusieron a cantar ahora Quédate Conmigo a grito pelado y todos nos echamos a reír. Del momento Pastora Soler y, sí, también nos reímos de la cara que pusiste cuando te vibró el móvil. Él te había etiquetado. En el texto que acompañaba la foto en la que tú salías con los ojos cerrados y él demostraba una vez más su excelente fotogenia decía: “Una noche genial con mi amigo Andrés”. En un minuto ya tenía 63 likes.

Esperaste al día siguiente para dejarle un comentario. Querías poner algo ingenioso e insinuante. Estuviste un buen rato pensando qué le ibas a escribir. Valoraste si no sería mejor mandarle directamente un privado y atreverte a invitarle a un café. Abriste la aplicación para volver a ver la foto y fue entonces cuando te diste cuenta. Había un icono de un candado dentro de un circulito y un aviso que decía “este perfil es privado”. Te había borrado.

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Un comentario en “Nos ponemos muchos likes

  1. yo me enteré por mi novio que eso de los likes y favs era una manera de ligar… Al final me sentí estúpido por haberle dado a me gustaba a lo que realmente me gustaba sin saber que estaba generando malos entendidos por parte de gente que pensaba que le estaba metiendo fichas.

    Este texto me ha recordado a ese aprendizaje y de cómo perdí la inocencia jajaja

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