Fruity Crash Saga

A pesar de que yo era el enésimo cliente que atendía ese día, tuvo la gentileza de mirarme a la cara y de acompañar su saludo con una sonrisa. Una vez que ésta se desvaneció de sus labios un segundo más tarde, cogió la bolsa de fruta que yo le alargaba y procedió a pesarla. No debía de tener más de veintitrés años y, dada la rapidez y agilidad con las que tecleó en la caja registradora, era evidente que llevaba mucho tiempo en ese trabajo. Pagué el importe que me indicó y cuando me entregó el cambio, me adelanté a darle las gracias.

Fue entonces cuando mi mundo se desplomó.

Unas simples palabras pronunciadas sin pretensión alguna pueden causar el mayor de los daños. A veces olvidamos que el lenguaje puede tener un poder devastador y, en este caso, resultó ser un arma de destrucción masiva cuya metralla hirió mi orgullo mortalmente.

Y todo por las palabras que pronunció el chico al devolverme el cambio:

Gracias a usted.

¡Usted!

No pude evitar golpearle con una mirada cargada de desprecio y salí de la frutería con la cabeza bien alta.

Pero, al mismo tiempo, terriblemente humillado.

A mí me habían asegurado que los treinta eran los nuevos veinte, pero parece que una vez que pasas la primera mitad de la treintena, te conviertes en un señor mayor.

Es curioso, no obstante que yo me sienta igual que cuando tenía dieciséis años. Soy ávido lector de cómics y amante incondicional de Disney. Me puedo pasar horas delante de la playstation y lo más normal es que me veas vistiendo una camiseta de superhéroes Marvel.

Cuando era pequeño y me imaginaba con casi cuarenta años, me contemplaba a mí mismo con traje, corbata y viendo el telediario en mi casa hipotecada.

A veces pienso que es algo generacional, que todos los que nacimos a finales de los 70 o principios de los 80 sentimos la imperiosa necesidad de aferrarnos a nuestra juventud. O quizás solo sea que los hábitos de vida han cambiado.

En cualquier caso, yo prefiero pensar que los casi cuarentones seguimos siendo jóvenes.

Eso sí, lo que tengo claro es que debo cambiar de frutería…

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