No quiero ser como ellos

Uno no llega a esta vida escogiendo. A cada uno se le da una mochila con elementos tanto físicos como psicológicos con los que deberá proseguir este largo y a veces angustioso recorrido hacia la nada. Sin embargo, que seamos personas aparentemente limitadas no significa que no podamos darle un uso distinto y absolutamente provechoso a aquellos materiales, un factor que mucha gente tiende a olvidar por pura y absurda comodidad.

Y es que desde que empezamos a existir en este mundo se nos intenta moldear como auténticos robots cuadriculados cuyo patrón jamás se debe alterar. Los niños tendremos la habitación azul y las niñas la tendrán de color rosa. Nosotros alucinaremos con Dragon Ball, mientras que ellas querrán ser una Sailor Moon. Más tarde deberemos ser duros e inteligentes para poder cuidar de ellas, frágiles y coquetas, que siempre nos esperarán en casa junto a nuestros hijos para recibirnos con una cálida bienvenida tras una dura jornada de trabajo gracias a la cual sacamos adelante a la familia.

Puede que el anterior párrafo parezca sacado de un manual de conducta creado en la época franquista, pero la pura realidad es que, por muy avanzados y progresistas que nos creamos, la sociedad continua explotando esas pautas como únicas y aceptables. No hay más que echar un vistazo a las portadas de las revistas femeninas y masculinas o a los distintos canales de televisión para ver que los estereotipos están a la orden del día. Y si queréis comprobarlo, buscad en la última portada de Cosmopolitan algún titular que haga referencia a artículos culturales o intelectuales.

La sociedad nos quiere así. No acepta hombres a los que les guste bailar o mujeres que amen las películas de acción, reniega de los homosexuales que prefieren asistir a un partido de fútbol antes que a un concierto de la nueva diva del pop, le niega la madurez intelectual a aquellos a los que les encantan los superhéroes o, por poner algún ejemplo más, trata de concentrar la diversión juvenil en la ingesta de alcohol u otro tipo de productos.

Sin embargo, la vida te va a cruzar con gente que no necesita ser guapa y espectacular para poseer felicidad y éxito, personas cuya vestimenta no se corresponde en absoluto con la supuesta ideología que ésta conlleva o individuos cuya condición sexual se rige únicamente por el género que le atrae y no por la retahíla de estereotipos que ello conlleva. Y eso, señores, no es formar parte de ese grupo de gente que constituye la tara de la sociedad. Se llama tener personalidad, y no estaría mal que todos empezásemos a crear la nuestra.

Nadie te asegura que vayas a ser nada después de esta vida, así que asegúrate de ser tú mismo mientras ésta dure.

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