¿Y si el mundo te come?

Todo se ve muy distinto desde el andén. A pocos metros de las vías y a pocos minutos de que a través de ellas llegue el tren, notas como tu corazón empieza a bombear mucho más deprisa. No sabes descifrar si es ilusión o miedo, pero eres totalmente consciente de que ya no hay vuelta atrás. Has tomado muchas decisiones antes, pero aquella era posiblemente la más importante de todas. Y sin embargo, toda la determinación que habías presentado hasta el momento comienza a flojear. Es justo ahora cuando surgen los pequeños interrogantes que ponen a temblar ligeramente todo tu cuerpo.

Miras el billete por enésima vez, comprobando que no hay ningún error en él. Un billete hacia una nueva ciudad y hacia una nueva vida. Dos destinos desconocidos ante los cuales es inevitable preocuparse por cómo van a acogerte. Y es que no son pocas las veces que te han dicho que tu aventura es propia de un joven que, tratando de encontrar su lugar, da bandazos sinsentido hacia ninguna parte. Podrías llegar a creerte aquellas palabras, pero sabes a ciencia cierta que no hay un momento mejor para embarcarse en aquella odisea. Estás en la etapa más importante de tu vida, aquella en la que los escasos años de vida que posees y la pequeña cantidad de lecciones que estos te han dado hacen que los límites desaparezcan de tu mundo, que las oportunidades sean incontables y que la determinación por aquello que te propones sea una fuente de energía inagotable.

El tren ya empieza a acercarse y tú, instintivamente, echas un vistazo a tu equipaje. Llevas una maleta con todo lo necesario, aunque sabes que lo esencial para sobrevivir a aquella aventura lo tienes guardado en tu interior. Tienes lo necesario para poder dar el paso hacia tus sueños, y sabes que vas a hacer lo posible para conseguirlos. Da igual que tengas éxito o fracases, porque vas a disfrutar al máximo de aquella experiencia. Y entonces sabes que aquello que hace temblar tu cuerpo no es el miedo, sino la ilusión.

Las puertas del vagón se abren, y tú miras hacia atrás con ternura. Sabes que vas a dejar muchas cosas atrás, pero sabes que tarde o temprano regresarás para que ellas también sepan de ti. Ahora, en cambio, es el momento de adentrarse en el vagón y en aquella nueva etapa que te espera con los brazos abiertos.

¿Y si la ambición es excesiva? ¿Y si el mundo te come? Sabes que volverás a enfrentarte a él una vez más.

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