Crónicas desde la Ingravidez. Nº 001

Nadie había pisado aquel lugar desde hacía tiempo. En los botones de la mesa de control se acumulaba el polvo tras tantos años sin dedos que los acariciaran. Las butacas tenían telarañas y las compuertas estaban demasiado cansadas como para abrirse sin motivo. El silencio se había adueñado de cada rincón, vaciándolo de cualquier emoción que perturbase la calma.

En realidad, más que abandonado, aquel lugar parecía a la espera. Quieto por la falta de costumbre. Había que fijarse mucho para detectar un resplandor que lo recubría todo de una tenue esperanza. Porque a pesar de todo, los pasillos y estancias no habían perdido la esperanza de que alguien volviera a pasear por ellos.

Y entonces, sin previo aviso, una pantalla parpadeó en la sala principal. Algo se había activado en las profundidades de la nave. Un latido. Un latido que ganaba velocidad y ritmo. Tras vagar por todo el espacio, la nave Lucky Star acababa de encontrar vida.

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